La estrellita de barrio

giovannizimotti_Pippottino_Giovani_Comunisti_a_1_coloreA ver si nos damos cuenta de una vez: hoy en día, las audiencias se miden en millones, como mínimo en miles. Es más que normal que un sitio web, casi cualquiera, acumule en un corto periodo de tiempo miles de visitas.

Hoy en día, es muy fácil que surja una pequeña comunidad en torno a cualquier cosa. Ese adjetivo, "pequeño", no debe llevar a confusión: una "pequeña" comunidad puede estar formada por cientos de personas.

Pero tu objetivo no debe ser unos pocos cientos. Ni siquiera miles. Tiene que ser millones.

Porque, ahora más que nunca, corres el riesgo de convertirte en una estrellita de barrio.

Una estrellita de barrio es aquel que escribe medianamente bien, de manera aceptable y que tiene a su alrededor una serie de gente que le considera el "sumun" de la escritura. Escribe un cuento y sólo recibe halagos por parte de quienes le leen. Escribe un guión, lo dibuja un amigo suyo (o él mismo), y todo son felicitaciones… por parte de quienes le leen. Y no es solo su familia, sino sus amigos y unos cuantos conocidos. Hasta ahí bien. Es normal.

Pero también es muy normal que esta persona, esta "estrellita de barrio", se quede ahí y no pase de los halagos de los más cercanos. Tiene un potencial enorme, y en lugar de cuestionarse y tratar de mejorar y evolucionar, se queda anclado allí. Escribe muy bien, tiene buenas ideas, su dibujo es más que aceptable, y así se queda. Eso es todo.

Hoy en día, la web ha hecho que el ciberespacio esté lleno de "estrellitas de barrio". La propulsión de la blogosfera ha hecho que mucha gente con buenas ideas, y unos cuantos con malas, alcancen un cierto nivel de popularidad. Sus estadísticas son medianas, pero satisfactorias. Uno o dos comentarios, siempre de la misma gente, en su blog, y ya esta el ego contento. A otra cosa mariposa.

Y que no se me mal interprete. La principal diferencia entre la "estrellita de barrio" y aquel que simplemente escribe o dibuja bien es que el primero tiene vocación. El segundo, aunque le guste hacerlo, incluso aunque gane algunos dineros con ello, no encuentra en ello la satisfacción que halla en otras actividades. Un profesor podrá escribir, incluso le gustará, pero se sentirá más a sus anchas dando clases que en ningún otro momento.

Y ahí está el problema. Hoy día, con la efervescencia que puede alcanzar cualquier cosa, es muy fácil que el ego se quede satisfecho, a veces hasta repleto, con un éxito tan grande como temporal. La "estrellita de barrio", agasajada por este éxito, se estanca y se abandona a la procrastinación más tremenda y decepcionante.

Por eso, mucho cuidado con los blogs, con las comunidades que se formen alrededor de uno. El objetivo debe ser claro: alcanzar la realización personal ganándonos las habichuelas con lo que más nos gusta hacer. Hasta que no lo consigamos, no debemos parar. Y ni siquiera una vez conseguido.

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