La teoría del mal día

Una de las primeras cosas que hice al poco de llegar a Ecuador fue intentar ser articulista. Ni que decir tiene que no lo conseguí. Aun así, mientras lo intentaba, redacté algunos articulillos que, bueno, no estaban ni bien ni mal (a mi juicio). Urgando en mi disco duro, me he topado con algunos de ellos. Y que mejor sitio que un blog (este blog) para sacarlos a la luz y que hagan algo más que acumular telarañas y telarañas en forma de ceros y unos.

Este en particular creo que lo escribí al poco de llegar a Quito. A pesar de que la reflexión que se hace en él no tiene nada que ver con el cómic, la pongo en la sección indicada pues parte desde uno: “La broma asesina”. Y es que por entonces, yo había vivido no hacía mucho una broma de esas, que luego resultó ser el chistecito preludio de la comedia que vendría después.

LA TEORÍA DEL MAL DíA

Releyendo comics antiguos, me tope con “La broma asesina” de Alan Moore y Brian Bolland, excelente historia tanto de guión como de dibujo. Pero no estoy aquí para hacer crítica de este ya clásico enfrentamiento Batman-Joker, sino para compartir las reflexiones a las que me ha llevado.

Hacia el final de la historia, cuyo desarrollo me gustaría que contemplasen ustedes mismos, Moore nos enfrenta duramente con la realidad. El Joker ataca a Batman con la más mortífera de las armas: la verdad. “Tuviste un mal día y te volviste loco como todos… ¡Pero no lo admitirás! ¡Necesitas seguir pretendiendo que la vida tiene sentido, que hay una razón en toda esta lucha!”.

Y el Joker tiene razón. Quizá los seres de carne y hueso no nos vistamos como “ratas voladoras”, pero sí nos vestimos de otras formas para justificar nuestros objetivos. Tenemos muchos días malos a lo largo de nuestra vida, pero sólo existe un “mal día”, o a lo peor unos pocos. Nos fabricamos un mundo a medida, solidificando esquemas lo más férreamente posible para resistir cualquier golpe. En definitiva, nos separamos de la realidad común a todos para rodearnos de una realidad exclusiva. Y el mal día viene cuando ambas realidades se encuentran.

Ese mal día quizá ya llegó, y encarriló nuestro destino de una forma diferente a la que pensábamos. Cada persona reacciona ante él de manera distinta, dependiendo de la distancia a la que se situé su umbral del dolor, el límite de su sufrimiento. Todo mal día tiene su finalidad, así sea hundirnos o elevarnos. Pero, sin importar la dirección a la cual nos envíe, siempre duele.

Un breve espacio de tiempo, sean horas, minutos o segundos, nos puede separar entre la riqueza y la pobreza, entre la locura y la cordura. No siempre las causas tienen que tener largos antecedentes.

La broma asesina es esta vida que vivimos. Cuando echamos la vista atrás, vemos todo los chistes malos de los que hemos sido protagonistas, y que a pesar de no hacernos ninguna gracia son, al fin y al cabo, chistes. Decía Herman Hesse que “el verdadero humorismo empieza por uno mismo”. Es por eso que hay que mirar esas bromas asesinas como las bromas que son. Tal vez esa sea la única medicina que cure las heridas.

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