El cómic en Ecuador

Llevo 10 años viviendo en Ecuador y desde el mismo momento en que llegué, extrañé la disponibilidad de comics que había en mi país. Desde entonces hasta hoy, la situación no ha cambiado mucho: series que llegan con irregularidad, espacios contados donde la mercancía no es constante pero sí un tanto cara… Quizás el cambio más significativo se ha producido en el manga que, tal vez debido a su popularidad, tiene un volumen mayor de presencia en las librerías que otros géneros.

A pesar de no haber un mercado digno de llamarse con ese nombre, curiosamente, hay un ambiente general de aceptación del cómic como un medio valido de comunicación para todas las edades, o esa es mi impresión. Cuando dices que te gusta el cómic, e incluso que te dedicas a ello (o tienes las habilidades para hacerlo), nadie te mira con expresión condescendiente ni te trata de inmaduro. O por lo menos, eso es lo que he percibido yo. Según los “media”, aquí el cómic siempre está de moda. Cuando hablan acerca de algo relacionado con el cómic, ese término resulta el más utilizado. Y por esa misma razón nunca termina de estarlo realmente, porque no es verdad. No hay producción nacional, no hay una distribución adecuada de material extranjero y el que hay, es caro. No hay un mercado del cómic. Pero, ¿podría haberlo?

Una descripción de como se encuentra el cómic a nivel de mercado se puede reducir a los tres puntos problemáticos ya he citado: distribución, precio y producción nacional, los tres entremezclados en algunos aspectos.

No hay una distribución ni extensa ni constante de material extranjero. Además, los precios son altos: los únicos que tienen precios bajos son los ejemplares sobrantes que traen  las distribuidoras comprados de saldo a otras distribuidoras. Esto hace que en puntos muy determinados uno pueda comprar, por ejemplo, “Sin City”, a un precio accesible, pero cuidado con que no sea un número autoconclusivo, porque entonces tocará rezar. Es por esto que tengo “Valores de familia”, y puesto que mis oraciones fueron escuchadas, también tengo los dos ejemplares de “La gran matanza”. Sin embargo, por ahí arriba se me hicieron los sordos poco tiempo después y me quedé sin el primer volumen de “Una dama por la que mataría”. El manga es lo que mejor se distribuye y tiene un relativo éxito entre los jóvenes (aunque no sé si lo último es por causa de lo primero o viceversa). Aun así, los precios son altos (para el país) y la distribución inconstante y limitada. En cuanto a novelas gráficas (sean de donde sean), de vez en cuando se puede comprar alguna que otra, pero a precios prohibitivos.

En cuanto a la producción propia, hay muy pocos intentos de publicación de material nacional. Son esporádicos, de distribución limitada. La mayoría de la producción de cómic se produce dentro de publicaciones ajenas al medio. El único intento serio y constante de sacar producción nacional que se está haciendo es en el periódico vespertino y local “Últimas noticias” de Quito. Los lunes y viernes acompañan su periódico de un ejemplar de ocho páginas en papel periódico sin costo adicional en el que narran historias que se extienden durante ocho capítulos. Las historias son un híbrido entre un género negro criollo y la crónica roja, con un dibujo correcto y un guión un tanto deficiente (especialmente en la abundancia, y en muchos casos redundancia, de los textos de apoyo) pero que funciona, especialmente entre el público al que está dirigida la historia. Ojalá este proyecto  se mantenga para que sirva como plataforma de otros proyectos diferentes y para que otras editoriales se animen a seguir su estela.

Los viernes doy, en el colegio donde trabajo, un taller que he denominado “de educación visual”. Fundamentalmente, vemos películas y vídeos y leemos comics. El año anterior, dediqué el último trimestre integramente al cómic, recuerriendo para ello a ejemplares de mi colección. Somos un colegio pequeñoy los integrantes del taller no son muchos (seis). Pero, oh sorpresa, les gusta el cómic. De hecho, uno de ellos es un potencial dibujante.

Ahora, en lugar de recurrir a mi colección, recurro a cosas bajadas de Internet. Gracias a la red, mis alumnos han podido leer “Maus” (Art Spiegelman), “The big city” (Will Eisner) y algunas cosas de Alan Moore, entre otras. Ellos, por sí mismos, jamás hubiesen accedido a esas historias. Y la razón principal de ello es que, sencillamente, aquí es imposible conseguirlas.

En el colegio, dentro del área de lenguaje, hemos hecho varias experiencias con el cómic. De hecho, se podría decir que el medio está integrado dentro del currículum. He notado que hay un interés bastante grande entre alumnos de diferentes edades sobre el tema, tanto en primaria como en secundaria. Obviamente, este interés se centra sobre los personajes del “mainstream”, pero mejor eso que nada. Prefiero un lector al que sólo le llame la atención Spiderman o los X-men a que no haya lector.

Ahora, la pregunta que surge de mi experiencia es la siguiente: si estos alumnos tuviesen fácil acceso (buena distribución y precio económico) a diferentes colecciones, ¿las comprarían? ¿Conformarían un público fiel lo suficientemente grande como para mantener un mercado, por muy reducido que fuese este en comparación con los del exterior?

El pasado mes de agosto se celebró en Guayaquil, en un lugar bastante accesible, una pequeña feria de cómic. En Quito, el club Ichiban, un grupo de aficionados al manga, hicieron una semana con exposiciones, conferencias y películas, todo relacionado con el cómic. Desconozco que tanta fluencia de público tuvieron, aunque lo realizado en Guayaquil tuvo bastante cobertura por parte de los “media”. “Últimas noticias” va por su cuarta entrega de historias, creo que repitiendo en esta ocasión equipo creativo. En los últimos años de los 90 surgió una revista llamada XOX comics en la que tuve la oportunidad de colaborar con una serie de artículos (de los que mejor olvidarse, la verdad: sigo sin ser ninguna maravilla pero es que entonces era mucho peor). La revista, defenestrada por el descalabro económico del 99, logró sacar varios números, manteniéndose a flote con el precio de la revista. Eso sí, el contenido eran colaboraciones no remuneradas.

En base a todo lo que acabo de enumerar, creo que sí existe un público potencial de comics lo suficientemente amplio como para sostener unas pocas publicaciones bien distribuidas en las que alternar material nacional con extranjero. Una empresa grande, con una capacidad económica suficiente, podría sustentar con facilidad, y hasta rentabilidad, un proyecto como ese. Por ejemplo, ¿por qué “El comercio” no empieza a distribuir dos o tres colecciones de Vid, la editorial mexicana? ¿O “El Universo”? ¿o hasta el “Hoy”? Pero pequeñas iniciativas (que ya las hay) podrían funcionar también si la distribución consiguiese ser mayor y más constante, hubiese más difusión e información y el precio fuese menor (lo siento, yo no me voy a gastar los $2.50 que ahora cuestan algunos ejemplares de “Batman” o “World finest” para después renegar de la historia o porque es mala o porque no puedo continuarla).

Para la producción nacional, dejando aparte el contenido, la solución la veo en los mismos puntos: una distribución muy amplia y constante y, sobre todo, un precio bajo. Por ejemplo, el modelo de “Últimas noticias” (ocho páginas en A5, con papel periódico y un logotipo publicitario en una esquina de cada página, además de un anuncio ocupando un tercio de las dos páginas centrales) me parece un modelo viable, aunque no se compare con la calidad de una edición a lo norteamericano. Pero, por el momento, me parece que o es eso o es nada. Y siempre preferiré algo a nada.

Todo esto no es más que una elucubración y en parte un ejercicio estéril, sobre todo cuando mucho de lo que he dicho depende de aquellos que tienen la capacidad económica  para hacerlo. Como no me encuentro entre ellos, no puedo hacer nada más allá de hablar al respecto… ¿o sí puedo?

Creo que dejaremos para otra ocasión cuales son las alternativas viables para que aquellos que de una u otra manera hacemos comic aportemos algo al mundillo de una manera efectiva. Y es que esta entrada me salió bastante larga, coño.

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