Archivo mensual: noviembre 2006

Libros de texto en cómic

Marshall McLuhan decía que “el medio es el mensaje”, y en esta afirmación se ampara Will Eisner cuando trata de explicar en su libro “La narración gráfica” la razón por la que el cómic ha sido menospreciado como medio de comunicación: “Su formato y sus imágenes coloreadas han dado por sentado que su contenido era muy sencillo”. En los últimos veinte años han aparecido obras que han dado al traste con esta creencia demasiado generalizada… pero no lo suficiente. Sin embargo, también en los últimos años ha habido una corriente pedagógica que ha luchado por incluir al cómic dentro del currículum escolar, aunque siempre sin pasar más allá de utilizarlo como herramienta secundaria de apoyo para el desarrollo de destrezas linguisticas.

A mi parecer, el cómic puede ser una herramienta válida de primer orden para la transmisión de conocimiento, tal y como son los libros de texto escolares. Bajo esa creencia, hice mi libro “Ciberia” y sólo el tiempo y el uso dirá si fue acertada o no. Pero, precisamente haciendo el libro y observando algunos de sus resultados (de mi cómic y de otros), he podido apreciar a qué es debido que el cómic pueda funcionar como libro de texto y cuales son los métodos o técnicas que se pueden emplear para potenciarlo dentro de esa función.

El cómic, por su propia lógica interna, divide la información en trozos, lo cual la hace más fácil de asimilar. Las imágenes que acompañan a estos trozos refuerzan la información que transmiten y, en muchos casos, la amplían.

El cómic educativo puede emplear dos técnicas principales. Por un lado, puede narrar una historia bajo el paradigma convencional de planteamiento-nudo-desenlace, incorporando en ella los hechos, aspectos o detalles que nos interesa que los alumnos aprendan y luego añadir un apéndice que señale todos esos elementos y amplíe la información sobre ellos.

La otra técnica es más próxima a la historia ilustrada: un narrador explícito o implícito desarrolla secuencialmente los temas a tratar, empleando los dibujos como apoyo estético, en unos casos, o para ampliar la información en otros, pero siempre respetando las convenciones del cómic, dotando a la narración de una fluidez que la haga fácil de leer. Para esto es necesario considerar a un cierto número de viñetas como una sola unidad narrativa, y no tan sólo a cada viñeta de manera individual, pues entonces la fluidez narrativa se entorpece y deja de existir.

Otro elemento a tener en cuenta es la realización de los dibujos, que dentro de su corrección han de ser sencillos, sin más detalles de los indispensables. Nada de preciosismos ni florituras en la línea, ni tampoco exceso de tonalidades en el entintado. Es mejor algo aproximado a la “línea clara” francobelga que a los “Spawn” o “Danger girls” recargados de Image.

El cómic tiene en semejanza con el cine que permite presentar información de manera que sea asimilable con poco esfuerzo. Es precisamente la prima del cine, la televisión, la que con su mínimo de exigencias hacia el espectador ha hecho que se extienda un hábito de pereza mental en actividades de mayor demanda intelectual, como la lectura. Pero el cómic, a diferencia de sus otros dos primos (porque están unidos por lazos sanguineos, no nos olvidemos de eso), aún demanda del lector un mínimo de intervención al tener que recrear en su cabeza los sonidos y el movimiento, lo cual ya es una actividad intelectual.Quizá sea precisamente esta actividad la que permite que los lectores habituales de comics se conviertan luego en su mayoría también en lectores de libros. Acostumbrados ya al esfuerzo de realizar una recreación mental de unos pocos elementos, luego resulta más fácil esforzarse un poco más y entonces llevar a cabo una recreación de todos los elementos, como es necesario hacer en la literatura. Así, la introducción del cómic como medio para transmitir conocimiento causaría un efecto colateral sumamente útil, deseado y buscado por los profesores: la iniciación adecuada y el fomento del hábito de lectura. Esto se convierte casi en un imperativo en una sociedad que sumerge a los alumnos en un oceano audiovisual donde los procesos intelectuales se adormecen perezosamente al recibir todo masticado.

Con su fuerza visual expresiva actuando en conjunción con el texto, el cómic se convierte en un arma muy eficaz para la enseñanza. Por lo visto (y aunque lo he comprobado en mi mismo, no recuerdo la fuente de donde saqué esta información), retenemos más información cuando la leemos que cuando la escuchamos. Esto hace que los medios audiovisuales permanezcan en desventaja a la hora de erigirse como un elemento pedagógico completamente autónomo, si bien pueden ser un excelente apoyo. Sin embargo, el cómic, bajo los parámetros adecuados, puede servir para realizar libros de texto completos que sean más entretenidos de leer que muchos de los mamotretos que emplean las escuelas.

Para que el cómic se expanda dentro del campo educativo hace falta que colegios, editoriales y sobre todo artistas se animen a probar la experiencia.

Yo ya lo he hecho, y creo que funciona.

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¿Es el medio digital el “natural” para el cómic?

Este blog es el lugar para explayarme hablando de cualquier cosa relacionada con el cómic que se me ocurra. Y lo que viene a continuación es una muestra perfecta, pues es algo que se me ocurrió al leer “La revolución de los comics”, de Scott McCloud. Hace más de un año que me lo compré y hace más tiempo que salió a la venta, aunque por aquí (aquí es Quito, Ecuador), no llegó hasta el momento en que lo adquirí. Por lo tanto, quizá lo que plantee esté un poco atrasado, sobre todo teniendo en cuenta el material de referencia, pero no por ello lo voy a dejar de decir. Y es que no estoy de acuerdo con lo que McCloud dice acerca de que el medio digital es el medio “natural” de los comics.

El cómic, tal y como lo entendemos hoy en día, nace y se desarrolla utilizando como soporte el papel, y es en base a ese soporte que genera sus leyes y muchas de sus convenciones narrativas. El papel es una tecnología superior a la digital por varias razones:

  • Usabilidad: cualquiera sabe abrir un cómic y pasar sus páginas. No todo el mundo sabe como manejar una computadora, aunque sea mínimimamente como para abrir un archivo que contenga imágenes.
  • Movilidad: un cómic puede llevarse de un lado para otro con mayor facilidad (incluso el tocho que es “From hell”) y mayor independencia que una computadora con un dispositivo de salida lo suficientemente efectivo para visualizar imágenes (probad a leer un cómic en una palm o una pocket pc, a ver que pasa)
  • Sensoriabilidad: esto me parece una ventaja menor en comparación con las otras, pero es que a pesar del valor que ha adquirido la información en nuestra época, el soporte con una tangibilidad mayor sigue llevándose la palma. En el caso del cómic además conlleva algunos elementos de corte fetichista (desde el olor del papel hasta el coleccionismo de ediciones).

Estas ventajas superan a las desventajas del papel frente al medio digital, las cuales son fundamentalmente dos: costo de producción y costo de distribución. La tecnología digital ha reducido a un coste mínimo estos dos elementos, especialmente la distribución, siempre que se refiera a productos para el mismo medio digital.

Ahora bien, ¿es el soporte digital el lugar donde el cómic puede hallar los elementos necesarios para expandirse artísticamente, como expone Scott McCloud? Más allá de ciertos experimentos gráficos y de forma, no lo creo.

Supongamos que logramos romper las leyes narrativas impuestas por el soporte de la página en papel, descubriendo unas leyes nuevas para el desplazamiento por pantalla, la ordenación de las unidades narrativas, la movilidad del hipertexto, etc. Sí, el cómic habrá dado un gran salto adelante pero… ¿seguirá siendo cómic?

El mismo McCloud dice que, desde luego, si comenzamos a añadir sonido y movimiento a un cómic, otra tecnología terminará por tomar su lugar, una más efectiva para realizar su trabajo, como el cine (o el vídeo, que casi son lo mismo). Aquí coincidimos, como en la mayoría de cosas de su fantástico libro. Y es que las supuestas limitaciones del cómic (carencia de sonido y movimiento) son en realidad su fortaleza. De hecho, son su razón de ser. El cómic adquiere validez como instrumento intelectual en el momento en que exige la participación activa del lector para recrear en su mente los elementos sensoriales que faltan.

De la misma manera que si le quitamos el movimiento al cine, éste se convierte en fotografía (añádasele el adjetivo “narrativa” si se desea), el cómic con sonido o movimiento se convierte en un sucedaneo, en un quiero y no puedo entre el cine y el mismo cómic.

Sin embargo, el argumento que plantea McCloud sobre las maneras de cambiar en el entorno digital las convenciones del cómic, las cuales provienen del entorno físico en el que crecieron, sólo me parecen adecuadas dentro del tono “manifiestista” que el texto va adquiriendo gradualmente, pero es, cuando menos, utópico. Todas esas propuestas que él lanza para encontrar o descubrir nuevas maneras de contar una historia, manteniendo al cómic dentro de sus parámetros básicos (representación del tiempo usando el espacio, la convocatoria del lector para su participación en la historia por medio de la representación mental del movimiento y el sonido), no son más que experimentos artísticos que dudo lleguen a cuajar de manera efectiva, convirtiéndose en la regla en lugar de la excepción.

A pesar de las ventajas de la “hipertextualidad”, ese no es un camino que los comics deban seguir… o por lo menos en un 100%. Mucho se ha dicho acerca de la conexión de ideas que realiza el cerebro, una conexión “a saltos”, pero creo que, independientemente de ese funcionamiento – cierto o no -, creo que lo que más nos ha de importar es nuestra percepción de la realidad, que se realiza de manera lineal. Para nosotros, las cosas suceden unas detrás de otras, a pesar de que seamos incluso capaces de percibirlas a la vez. El lenguaje (el nuestro, el castellano) es una clara muestra de esto, pues a pesar de que narremos dos cosas que suceden al mismo tiempo, a la hora de narrarlas nos vemos forzados a colocarlas una detrás de otra. Por ejemplo, “abría la puerta mientras sonaba el teléfono”. “Mientras” sirve para indicar que las dos acciones sucedían al mismo tiempo, pero al narrarlas me he visto obligado a poner una delante de la otra.

Debido a esa naturaleza lineal de la narración a la que nuestro lenguaje nos obliga, creo que los intentos del hipertexto, o de aquellos que lo utilizan, de convertir a una narración en un todo en el que de un vistazo, o con un examen profundo de poca complejidad, se puedan observar todas sus facetas, están condenados al fracaso.

Otra de las razones por las que creo que Internet, o el medio digital, no es el medio natural del cómic reside precisamente en que tal y como se plantea la participación del lector, ésta es excesiva. No creo necesario o hasta imperativo que el cómic este totalmente integrado al hipertexto recurriendo a él como recurso narrativo. Como añadido puede resultar muy útil, no lo niego. Imaginemos una versión digital de “From hell” en la que cada viñeta conduzca a su respectiva nota “al pie”, las cuales aparecían al final del tomo en la edición impresa recopilatoria. ¡Sería una maravilla! Podrían estar incluso en audio y hasta leídas por Alan Moore (traducidas, por favor). Pero esas notas, al fin y al cabo, son accesorias: no son indispensables para poder leer y comprender la historia.

Ahora bien, imaginemos que para leer una historia fuese necesario estar haciendo continuamente clics por todas partes, volviendo una y otra vez a diferentes lugares para seguir distintos hilos de la historia… Creo que un intento así no hallaría respaldo entre el público. ¿La razón? Demasiada interacción: además de cansar, distraería al lector del hilo principal. Estos ejercicios narrativos podrían resultar interesantes de manera esporádica, pero no como norma. Si todos los libros fuesen como “Rayuela”, leería muchísimo menos de lo que lo hago (lee dos páginas, sáltate veinte, vuelve luego atrás… ).

Creo entonces que el medio digital no es el natural del cómic, sino que la página en papel lo sigue siendo sobre todo por las ventajas anteriormente enumeradas. Personalmente, tengo una palm en la que leo la mayoría de las cosas que leo. Pero sigo prefiriendo los libros en papel. Otra cosa es que la cantidad de libros en papel que adquiera sea significativamente menor que las lecturas que me bajo de la red, pero eso está más relacionado con mi capacidad económica que con otra cosa (y sobre lo cual pienso explayarme en otra ocasión).

Pienso entonces que el medio natural del cómic es el físico y no el digital, principalmente por su movilidad, su curva de aprendizaje para su manipulación y su independencia de una fuente de energía para su accesibilidad una vez producido. Otra cosa es que el medio digital sea un excelente complemento, ideal para muchas cosas. Sobre todo Internet: contacto entre autores, difusión de material novel o consagrado, “evangelización” del medio, etc. Pero de todo esto último también hablaré en otra ocasión.

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Comenzando… de nuevo

Probé primero en Blogger y de pronto… ¡puf! No puedo acceder a el. Veamos ahora que tal con wordpress, que si mucho no me equivoco es un sistema libre.

Bueno, espero que si no siguen cayendo narcotraficantes en mi patio, pronto estaré por acá hablando sobre el cómic.

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